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La Vanguardia, sábado 6 de diciembre

La Constitución que queremos

Artículo del secretario de Política Federal, Antonio Pradas
06/12/14
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Se atribuye al político chileno Ramón Barros, presidente del país andino a mediados del XIX, la afirmación de que "hay dos tipos de problemas: los que se resuelven solos y los que no tienen solución". Esta parece ser la máxima que aplica Rajoy a su "acción de gobierno". Lógicamente, los problemas complejos que vive la sociedad española; a saber, la crisis socioeconómica, la crisis de nuestras instituciones y la crisis territorial, lejos de resolverse solos, tienden a convertirse en problemas sin solución que generan sufrimiento en la gente, desconfianza en los órganos de representación y gobierno; frustración en relación a las expectativas de un país moderno y desarrollado como el nuestro.

No es la pasividad y la resignación la receta que necesita en estos momentos España, sino la acción decidida de políticos audaces que sean capaces de liderar la regeneración que la ciudadanía reclama a gritos en las calles o en el silencio de las encuestas telefónicas. Una regeneración que debe ser el fruto del consenso en torno a un nuevo acuerdo ciudadano que, conservando los aciertos que identifican nuestro proceso democrático del 78, sea capaz de reformar lo que esté obsoleto o no haya funcionado correctamente.

En un momento de extrema gravedad como el que vivimos, es clave que la ciudadanía se reencuentre con sus instituciones. Que renueve su confianza en el sistema democrático construido por dos generaciones de españoles y españolas, que no puede tirarse al cubo de la basura, como pretenden algunos que se han formado y adquirido su libertad gracias a ese sistema, para conducirnos por caminos tan inciertos como sospechosos.

Y no hay mejor forma de defender el esfuerzo de mi generación y la de mis padres, que renovar el pacto ciudadano en torno a una actualización de nuestra Constitución con la que se identifiquen nuestros hijos y nietos.

Desde el PSOE, con la legitimidad de ser unos de los principales artífices y valedores de nuestra Carta Magna durante los 36 años de vigencia, tenemos el convencimiento de que la mejor forma de defenderla, es que las fuerzas políticas seamos capaces de elaborar una propuesta de reforma que sea sometida a referéndum de todos los españoles y españolas: los que podríamos así votarla por primera vez y los que, tras haberla votado aquel 6 de diciembre de 1978, podrían tener la oportunidad de ratificarla, actualizada y mejorada.

Si somos capaces de hablar, que es lo mínimo que se le pide a los partidos políticos, seguro que podríamos llegar a un acuerdo básico sobre las materias que queremos reformar.

Los socialistas decimos con claridad que queremos que se garanticen los derechos sociales, no como meros principios rectores de la economía, sino como auténticos derechos de ciudadanía. Queremos dejar clara nuestra apuesta por el principio de estabilidad presupuestaria. Pero junto a éste y con mayor tutela jurídica, defendemos el principio de "Estabilidad Social", para que la sanidad universal, la prestación de servicios sociales o la educación en régimen de igualdad formen parte esencial de la Constitución renovada que queremos.

Defendemos también que la Constitución se convierta en "cortafuegos" contra la corrupción y la opacidad, eliminando privilegios extemporáneos como los aforamientos o la inmunidad, limitando estas figuras al mero ejercicio de la actividad política. Desterrar cualquier atisbo de desigualdad, actualizando en el articulado no sólo el lenguaje, sino incorporando los avances de los últimos tiempos en materia de derechos civiles.

Y queremos mejorar nuestro sistema autonómico. La Constitución consiguió descentralizar el Estado hasta niveles asimilables a los países federales más avanzados, sin embargo carece de los instrumentos para que ese Estado descentralizado funcione con mayor coherencia y eficacia. Para acercarnos a la excelencia, los socialistas proponemos, entre otras cuestiones, un nuevo Senado, una clarificación de competencias y una concreción de un sistema de financiación que, respetando la singularidad de los territorios, garantice la solidaridad y los mismos niveles de calidad de los servicios básicos.

Estas son algunas de las cosas que los socialistas aportamos para mejorar la Constitución que queremos. Y estamos proponiendo que nos pongamos ya a trabajar en el seno de la Comisión Constitucional para que el resto de las fuerzas políticas hagan el mismo ejercicio.

Nosotros hemos movido ficha, con documentos concretos como la Declaración de Granada o la de Zaragoza. Hemos hecho una propuesta concreta en sede parlamentaria. Otros miran el tablero dejando que el tiempo pase, no sé si pensando que no existen los problemas o que estos se solucionarán solos.


 

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